viernes, 2 de noviembre de 2007

Vitore Zenovka




Gritos espantosos de escuchan por doquier,

Todos salen buscando de quien pueden ser;

Más cual va siendo la sorpresa,

Era la muerte lamentándose de su presa.

***

Es un suplicio, haberme fijado en este chico,

Ya que todo el tiempo me canta su papalotito,

Y lo mismo le da un día ser Cura,

Y al siguiente traer una cruda.

***

Calaquita no te lo lleves, me gritaba Yeka.

Más nunca entendí porque era esa advertencia,

Ahora comprendo y me arrepiento,

Pues ya no puedo con tanto tormento.

***

Pero algo les voy a prometer,

Y es que jamás a Vitore lo visitare,

Porque si escucho mas su gesture,

Téngalo por seguro que también me moriré.